Subir montañas con el olfato

Durante estos días de borrasca en que las montañas están continuamente cubiertas por una espesa nube azotada por la ventisca, las ganas de subir a una cumbre no se aplacan con el mal tiempo. En una jornada que podemos calificar como exitosa teniendo en cuenta las condiciones del clima y de la montaña, ascendimos al pico Orhi, el dosmil más occidental del Pirineo. Bueno, o eso creemos pues la visibilidad era tan mala que encontramos la cumbre a base de altímetro y mucho, mucho olfato.

 

Cuando salimos de casa el chaparrón era tan fuerte que los ríos de agua que se formaban por las calles empapaban los zapatos de los escasos transeuntes hasta la altura del tobillo. Pero los montañeros somos gente determinada y sin mirar a los costados y con la única idea en la cabeza de hacer un poco de ejercicio nos montamos en el coche en dirección al Pirineo. Cruzamos Pamplona y paramos a desayunar en un bar de carretera con la misma situación: fuertes aguaceros y nubes cubriendo todo relieve que sobresaliese unos metros por encima de los valles. Unas condiciones no muy prometedoras para hacer montaña con el parte nivológico para el Pirineo navarro y aragonés marcando grado 4 por encima de los 1600 metros.

Teniendo en cuenta que mi madre pasó toda su infancia y juventud en la localidad roncalesa de Uztarroz, considero estas montañas como de casa, pese a que todavía no había ascendido a este pico tan vistoso y cargado de leyendas como es el Orhi. Dicen que en sus laderas se esconde Mari, la diosa de los genios del bosque y también el Basajaún, ese señor de las montañas que lo mismo puede desplegar toda su bondad como cargar contra las gentes con total crueldad. Estos personajes protagonizaban los cuentos de mi niñez y el Basajaun se me antojaba como uno de esos leñadores canadienses que veía en las películas: desaliñados, con el aliento oliendo a Patxarán y con un par de niños en la mochila para el menú de la cena. En el Orhi no vimos ni a uno ni a otra y es que seguramente se los había llevado el viento o después del despegue de la industria turística en el Pirineo, Mari y el Basajaun pasan ahora los inviernos en un apartamento cerca del mar en alguna isla del Mediterráneo.

Cuando aparcamos en la antigua aduana de Abodi el dueño del bar nos saludó con simpatía, no en vano éramos los primeros que aparecíamos por allí en esa mañana tan intempestiva. En un momento nos enfundamos en gore-tex y con las gafas de ventisca puestas desde el aparcamiento comenzamos a caminar por la carretera. Había visto algunas fotos de la montaña y recordaba la carretera y el túnel de una visita estival al puerto de Larrau que separa el valle de Salazar de la vertiente francesa. Recordaba que había que proseguir por la carretera hasta alcanzar un túnel y luego remontar hasta una arista que tras varias falsas cumbres nos depositaría en la cumbre del pico. Ángel, mi compañero, miraba a su alrededor con desconcierto pero viendo mi determinación continuó caminando cuando salimos de la marcada huella de la carretera. La visibilida era prácticamente nula y yo buscaba el lomo de la arista por donde progresaríamos con seguridad dado el alto riesgo de avalancha. Fuimos caminando de calva en calva en la ladera nevada buscando los puntos más seguros y una vez en la arista el viento era tan fuerte que te hacía caminar ligeramente escorado hacie el precipicio de la vertiente norte. Caminamos durante más de una hora a la salida del túnel y cuando trepamos una ligera barrera rocosa y la ladera descendía hacia el otro lado miré mi altímetro: 2020 mts. -Ángel, creo que esto es la cumbre dame un abrazo y vámonos corriendo a comer cordero asado a Ochagavía.

1 Comentario »

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  1. ¡Cómo conseguiste subir a Ángel hasta allí abrriba!

    Comentario por Imak — Diciembre 17, 2008 #

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