Un rescate desesperado IV
Publciado por simonelias - 22/08/09 a las 02:08:52 pmEn el momento en que escuchamos el sonido del helicóptero en el que venían los 2000 metros de cuerda enviados por Sebastián Álvaro y Iftikhar desde Skardu la situación en el campamento base era desesperada. Yo discutía con Fabrizio, los españoles discutían entre ellos sobre las posibilidades de un ataque sin el apoyo del americano y Chris y Dave intentaban ayudar en el escaso margen de movimiento que dejaban las órdenes de su jefe.
El helicóptero se fue aproximando sobre el glaciar de Biafo, dio varias vueltas sobrevolando estruendosamente el campamento y aterrizó sobre una de las morrenas laterales. En medio de la confusión habíamos olvidado colocar una manga para informar al piloto de la dirección del viento y paró durante un par de minutos en el filo de la morrena, estabilizando su peso de animal cuaternario con ayuda de los motores mientras un soldado nos hacía señas con los brazos para que nos acercásemos. Dani Ascaso me ayudó a subir el desnivel hasta el aparato a grandes zancadas y salté literalmente por la puerta lateral segundos antes de elevarnos. Entre la intensa polvareda pude ver el rostro de Dani, curtido y desesperado, sintiendo como la vida de Óscar se le escapaba entre las manos.
Sebastián Álvaro necesitaba ayuda en Sakardu. En los últimos días se estaban llevando a cabo operaciones de gran complejidad logística y con mí escasa aclimatación podría ser mucho más útil con un teléfono pegado a la oreja o frente a la pantalla de un ordenador que incapaz de moverme del campamento base. Mientras el MI-17 se elevaba y enfilaba por encima del inmenso pasillo del glaciar repasé los últimos acontecimientos. La situación de enfrentamiento en el CB restaba energía en el operativo de rescate. Se habían creado dos grupos que no se conocían previamente, separados por el idioma y que ahora desconfiaban entre sí debido a los acontecimientos de las últimas horas. Las posibilidades de éxito eran nulas. Óscar llevaba 9 días accidentado, tenía varias fracturas, las manos congeladas y un severo desgaste cuando Álvaro descendió en busca de ayuda. El tiempo parecía haberse acabado para todos. Sentía miedo por mis compañeros, los ánimos estaban muy exaltados y no se estaba actuando con toda la racionalidad. La altura, el cansancio y la intensa implicación personal en el rescate nos estaban dando una visión muy sesgada de lo que allí estaba ocurriendo. Enfrentarse a Fabrizio era la mejor prueba de ello.
Volando de regreso a Sakardu a 4000 metros de altura entre unas montañas cruelmente recortadas por la erosión, empecé a darme cuenta de que estaba en Pakistán. Esto era el Karakorum, esa cadena montañosa en la que nace el gran Himalaya desde el Oeste y que ha escrito algunas de las páginas más importantes de la historia del alpinismo. Aquí están el K2, el K6, el K7, los Gashembrum, el Chogolisa, el Spantik, las Torres del Trango, el Ogro y los Latok. Nombres escuchados una y cien veces que ahora podía señalar con el dedo a través del ojo de buey del helicóptero. Aterricé en Sakardu y monté en un coche que me esperaba para llevarme al hotel mientras las colinas ocres desgastadas por la corriente de los ríos y la fuerza del monzón se fundían con la puesta de sol. Cuando cruzamos la calle principal del pueblo a toda velocidad, esquivando peatones y tractores cargados de hierba recién segada, los altavoces de la mezquita repetían la llamada al rezo del atardecer.
Sebastián Álvaro estaba en el jardín del hotel armado con un teléfono móvil, un teléfono satélite, una libreta emborronada con escritura frenética, un ordenador y varias cámaras de fotos. Los teléfonos no paraban de sonar y media hora después de haber aterrizado en la civilización, analizando las conversaciones internacionales, me di cuenta de que el revuelo en España era máximo. En medio del desierto comunicativo del mes de agosto, las secciones de deportes de los periódicos habían encontrado un filón con el que levantar al país de la siesta. Una historia de compañerismo y solidaridad que llenaría páginas mientras los becarios que quedaban en las redacciones esperaban la llegada de los torneos de fútbol para sacarles de la paz sofocante de agosto.
Al imaginar el despliegue mediático me enfadé, llegaba muy nervioso del campamento base con una implicación demasiado personal. Decidí sentarme a cenar y dejar que el sueño ordenase toda la información que se golpeaba en mi cabeza. Estaba preocupado por el equipo del campo base que estaba viviendo una situación de máxima presión sin apenas tiempo para descansar. Aún así me enfurecía. Había pasado todo el invierno en España trabajando tras los medios de comunicación para promocionar el alpinismo y sólo había conseguido unas cuantas noticias en la prensa deportiva. La repercusión fue mínima. Ahora que la muerte regresaba una vez más a la montaña, todo el mundo quería hablar de ello y construir bonitas historias de héroes homéricos para entretener a un país adormecido por el tinto de verano. En la comunicación, el sensacionalismo y la solidaridad no se venden a precios iguales, los dicta el Mercado, el motor invisible del mundo.
La situación en el campamento base era cada vez más complicada. El equipo español había comunicado a Peña Guara la decisión de Fabrizio de no continuar y su teléfono satélite no paraba de sonar. La junta directiva del club, su jefe en los Estados Unidos hasta personas muy cercanas a Óscar le hablaron durante aquella tarde. Nunca me hubiese gustado estar en el pellejo de este norteamericano que se ofreció para ayudar desde el momento en que conoció la situación y que ahora estaba soportando una de las mayores presiones de su vida. Su visión del equipo español durante el primer día en el campo base tampoco había ayudado mientras llegábamos tan debilitados y desconcertados como prestos a trabajar y excitados. Su máxima era mantener la seguridad en una situación con grandes peligros objetivos. Fabrizio estaba agotado y como el resto de nosotros no comprendía nada por eso se replegó en la seguridad. Tras largas conversaciones en las que los ánimos se fueron calmando con la llegada del cansancio de la tarde, aceptó apoyar en el ataque del día siguiente y se sumó en la ayuda de los preparativos. Jordi Tosas y Álvaro Novellón saldrían hacia el collado con tres porteadores de altura. Terminarían el trabajo de fijar cuerda en la travesía horizontal de mil metros hasta el comienzo de la arista más técnica. Daniel Ascaso subiría hasta el campamento avanzado con todos los porteadores para subir la cuerda y el material necesario con el que proveer a los escaladores de punta. Jonatan, Corominas y el equipo americano descansarían en el campamento base para apoyar, un día después, en un intento de sobrepasar la cota de 6000 metros.
A las tres de la mañana del día 17 de agosto salieron Jordi y Álvaro junto a los porteadores. El tiempo continuaba siendo magnífico, no había viento en la cota de los 4500 metros, ninguna precipitación en los últimos 6 días y las temperaturas eran agradables. Caminaban alumbrados por los haces de sus linternas frontales y cuando alcanzaron el hielo del glaciar pudieron identificar mejor las grietas con la ayuda de la luz del sol. Unas horas después salió Dani Ascaso con los porteadores y al alcanzar el campamento avanzado no se encontraba bien, apenas había dormido en la última semana y su cara comenzaba a hincharse, amoratada, víctima de un pequeño edema facial. Decidió dejar allí su carga y regresar al campamento base. Sus compañeros ya eran pequeños puntos ascendiendo por las cuerdas fijas en la inmensidad de la pared.
Cuando me desperté en el hotel Concordia de Skardu, busqué con una interrogación el paisaje más allá de los amplios ventanales de mi habitación. Fuera corría el río Shigar antes de unirse al Indo con sus aguas cargadas de sedimentos, por encima se elevaban las primeras montañas de 5000 metros del Karakorum en un incesante juego de construcción y destrucción del paisaje. Cuando llegué al comedor para desayunar, Sebastián Álvaro y Iftikhar ya estaban pegados a sus teléfonos móviles repartiendo órdenes en urdu, inglés y español. Sebastián me alcanzó un teléfono satélite, algunas instrucciones y me uní al operativo. Debíamos proveer al campamento base de todo lo necesario, debíamos ordenar la comunicación entre los alpinistas y el club Peña Guara de Huesca, y últimamente los medios de comunicación tenían a Sebas 20 horas del día transmitiendo información. Las comunicaciones no son fáciles en Skardu, durante el día hay frecuentes cortes de corriente eléctrica, los dos centros donde se puede tener acceso a Internet ofrecen una conexión muy lenta y de flujo intermitente por lo que es fácil perder en un segundo el trabajo de toda una mañana. Ni teniendo sobornados a los trabajadores de los centros de Internet conseguíamos enviar más de media docena de fotografías al día. Las conversaciones telefónicas se cortan cada varios minutos y sólo las conexiones con satélites ofrecen mayor garantía. La comunicación satelital en oriente está dominada por los árabes y su teléfono Thuraya, que ofrece cobertura en casi todos los lugares del Himalaya, ha sido estos días la herramienta más segura.
Habíamos localizado un punto junto a la puerta del hotel. Debajo de un espeso árbol colocábamos la antena del teléfono satélite en dirección a la Meca y sin movernos ni un centímetro hablábamos durante horas. Este árbol, en un mirador inmejorable frente a las aguas del Indo, ha sido nuestra oficina y nuestro confesionario. Aquí hemos recibido duras informaciones y hemos recitado esperanzadores partes meteorológicos, aquí hemos tenido toda la ilusión durante unos minutos para perderla dos llamadas de teléfono después. El árbol del Concordia que nos protegía del fuerte sol del mediodía ha sido más que una sombra. Ha sido el lugar donde hemos encontrado toda la energía que venía desde España, toda la comprensión de los medios de comunicación y todo el dolor de los más cercanos, pero también ha sido un centro de autoayuda y aunque nos pese, un juzgado.
A las 10 de la mañana del día 16 de agosto hablamos con Jordi Corominas y nos mostró su preocupación desde el campamento base. El equipo estaba roto, los americanos tenían la mirada perdida hacia el glaciar de Biafo que les conduciría fuera de esta pesadilla y los españoles continuaban luchado en un intento ciego de que David derribase a Goliat. Al colgar el teléfono con Corominas buscamos la previsión meteorológica para los próximos días. Varios amigos desde España y desde los Estados Unidos estaban diariamente frente al ordenador traduciéndonos complicados diagramas meteorológicos de lo que serían los próximos días en el grupo de los Latok: Nevadas de hasta 20 centímetros para el día 16 a la tarde. Nieve abundante para el día 17 y descenso de las temperaturas. Viento a 6500 metros entre 30 y 40 kilómetros por hora. Despejado al anochecer y cubierto con más precipitaciones que podrían llegar hasta los 20 centímetros a 6000 metros para el día 18. Cuando Sebastián Álvaro levantó los ojos llorosos de la pantalla del ordenador la decisión estaba tomada. Habíamos jugado durante largas horas de agotamiento y dentro del bombo sólo quedaba una bola. Quizás era una decisión tomada hace tiempo, tomada en el mismo momento en que Álvaro y Óscar decidieron hacer alpinismo de dificultad en un lugar remoto del Karakorum, pero ante a todas las adversidades era muy duro asimilar que Óscar se quedaba en la montaña.
10 Comentarios »
RSS feed para los comentarios de esta entrada. TrackBack URI
Dejar un comentario
© Ediciones Desnivel SL., Calle San Victorino,8 28025 Madrid - Tfno. 902 902 156 - E-mail: edicionesdesnivel@desnivel.es
© Librería Desnivel, Pza. Matute 6 28012 Madrid - Tfno. 902 24 8848. Abrimos las 24h en www.libreriadesnivel.com.
Muchas gracias por todo
Comentario por Pilar — Agosto 22, 2009 #
Gracias por compartir todo lo que has vivido con nosotros. Muchas gracias por esforzarte en narrar todos los recuerdos que viven en tu cabeza y dejar testimonio de ellos antes de que se difuminen y vayan. Además, con una calidad más que aceptable. Y lo más importante: mi mejor recuerdo para el chico que ha quedado allí, formando parte ahora de la montaña. He seguido toda esta historia con mucha intensidad y deseé con todas mis fuerzas que tuviera un final feliz. Habeis hecho grande la condición humana.
Comentario por Genaro — Agosto 22, 2009 #
Hola, soy un compañero de trabajo de Oscar Perez y amigo , he estado siguiendo todo el tiempo el esfuerzo y las noticias que enviabais desde Pakistan , desde mi diminuta existencia solo puedo agradeceros todo vuestro esfuerzo y empeño en rescatar a Oscar .
Desde mi amistad con Oscar que se resume a los momentos compartidos en el trabajo puedo decirte que su mayor pasión era la montaña y ha caido con las botas puestas como muchas veces lo nombraba en nuestras conversaciones sobre la montaña que siempre me deslumbraba con un deporte que no pude practicar.
Es la hora de recordar que muchos montañeros han caido en las cumbres , Oscar ha tenido a los grandes alpinistas cerca de el para darle una despedida ya no pudo ser el rescate.
Gracias a todos los que gastasteis vuestro sudor en la pared , el lo sabia que estabais alli , lo se , y tambien supo que habia llegado su Hora en su momento era fuerte y directo como nadie en aceptar las situaciones.
Que el recuerdo de su mirada os acompañe en vuestros proyectos ya que daba mucha fuerza.
Gracias valientes , ha sido un Honor para todos nosotros saber que estabais alli luchando por rescatarlo.
Suerte y 73….
Comentario por Juan — Agosto 22, 2009 #
No os quepa duda de que desde lo más alto del Latok II, Óscar os agradece profundamente que intentaráis lo imposible, y que tantas vidas se pusieran en juego por salvar una sola. Sin tópicos y sin frases hechas… gracias por ese homenaje a la amistad.
Comentario por Javi — Agosto 23, 2009 #
Gracias por tus comentarios Elias, cada vez veo más claro que hicisteis lo correcto. No cambieis nunca y un abrazo para Oscar y sus allegados
Comentario por Xabi — Agosto 23, 2009 #
Muchas gracias Simón, por haberlo relatado todo tan bien y con tanto detalle. Yo soy senderista aqui en mi tierra, Murcia, hago algo de montañismo, y desde el primer momento he seguido paso a paso todas las noticias sobre lo que estaba sucediendo en relación con los desesperados intentos de rescatar a Óscar, hasta que desgraciadamente no ha podido ser. Pero a pesar de la pena tan grande de no haberlo podido rescatar al menos estareis muy satisfechos de que por vuestra parte no habeis podido hacer más. No era posible hacer más, dadas las circunstancias. En paz descanse, Óscar. Un abrazo a su familia y allegados. De una murciana.
Comentario por Carmen — Agosto 23, 2009 #
Simón, muchas gracias, gracias por vuestro esfuerzo, gracias por mantenernos informados, espero que la siguiente noticia que vea en tv sea la de vuestra cara apareciendo en la terminal de algún aeropuerto español.
Quiero enviar un fuerte abrazo a todo el equipo que con tanto esfuerzo habéis intentado traer de vuelta a Oscar, desde luego sois nuestros héroes.
Y que sepa Oscar que no a estado solo en la repisa, en este País hay un montón de gente que amamos la montaña y, estoy seguro, que la mayoría hemos estado con Oscar estos días. Lo dicho, un fuerte abrazo y mucho animo, la vida sigue y las personas no mueren si seguimos recordándolas.
Comentario por Daniel — Agosto 23, 2009 #
Grande Simón!
Enhorabuena! Por creer en el alpinismo y por todo lo que haces por él.
Un recuerdo para Óscar, sigamos escalando junto a él.
Salud
Comentario por mapicas — Agosto 23, 2009 #
Nunca me interesó el alpinismo, lo desconozco totalmente, pero siempre he valorado de una manera muy especial a la gente que se juega la vida por una pasión. Hace 3 años decidí estudiar fotografía en Huesca, fueron dos años en los que mi contacto con la naturaleza fue diferente, compartí momentos maravillosos con compañeros que adoraban la escalada y con ellos aprendí a valorarla. La verdad es que no se ni por que cuento esto… esta historia me ha llegado al corazón y aunque estoy segura de que se ha hecho lo posible, no puedo borrar de mi mente la imagen de un chico tan joven, solo y herido. No puedo ni imaginar la impotencia que habeis sentido y solo quiero dar gracias porque haya gente tan comprometida como vosotros. Realmente sois un ejemplo a seguir en muchos aspectos. Estoy segura de que Oscar supo en todo momento que lucharíais hasta el final por rescatarlo. Muchas gracias por tu emotivo relato
Comentario por María del Mar — Agosto 26, 2009 #
Hola. En cuanto oí la noticia y me enteré de que eran de Huesca me acordé de mi primo Dani Ascaso. Quiero agradecer a todos los que han intentado rescatar a Oscar el esfuerzo que han hecho, pero sobre todo a Dani (por la proximidad que tengo con él) ya que se han jugado la vida para rescatar a un amigo, y eso no lo hace casi nadie.
Vuelve pronto a casa, Dani, y un abrazo enorme de tu familia de Madrid.
Un beso
Comentario por Isabel — Agosto 26, 2009 #