Un rescate desesperado V

Una vez tomada la decisión de abortar el rescate comenzaba la operación para sacar a todo el equipo del campo base. 24 personas entre alpinistas españoles, americanos y porteadores pakistaníes estaban bloqueadas a 4500 metros de altura con mal tiempo asentado sobre la zona en forma de continuas lluvias y nevadas por encima de los 4800 metros. Las llamadas a altos cargos del ejército pakistaní se sucedían pero no era posible tener la certeza de que una evacuación aérea fuese viable. El mal tiempo continuaría durante los próximos tres días y las provisiones se reducían a una cena y un desayuno para todo el equipo. Luego, si tuviesen que continuar, vendría un duro ejercicio de racionamiento.

El día 17 de agosto, la mañana siguiente después de que se tomase la decisión de abortar el rescate, Chris y Dave junto a 6 porteadores de altura ascendieron hasta el campamento base avanzado a 5000 metros para recoger el equipo que sólo unas pocas horas se había estado transportando hacia arriba. La nieve continuaba cayendo por encima de los 4800 metros y el glaciar de acceso al campamento estaba cubierto por más de 30 centímetros de nieve fresca. La imagen caótica del glaciar descarnado por el sol durante el largo periodo de buen tiempo en el que se había comenzado el rescate, se había convertido ahora en una amplia explanada con los peligros disimulados por la uniformidad del manto nivoso y la poca visibilidad de un día de mal tiempo. Tras una lenta travesía  sondeando con los bastones de esquí entre las grietas, alcanzaron el campamento, recuperaron el material y regresaron sin que la nieve cesase de caer. Al final de la línea de cuerdas fijas quedaba olvidado un depósito con abundante material de la expedición, era todo lo necesario para el ataque por encima de los 6000 metros.
Las llamadas entre los alpinistas y Skardu se sucedían con la esperanza de encontrar una pequeña ventana de buen tiempo que permitiese al helicóptero despegar. Tras varias horas de espera, los pilotos pakistaníes aseguraron que era imposible volar hasta el campamento base pese a que el corte de las nubes en ese momento se situaba a una altura de 5000 metros. Todo el equipo debía ponerse en marcha y caminar hasta el glaciar de Biafo, donde en una explanada arenosa llamada Baintha a una altura de 4220 metros quizá existiese alguna posibilidad de un aterrizaje rápido. Entre las 24 personas del equipo debían mover un peso de 700 kilos, imposible de transportar en un solo trayecto. Decidieron dejar parte de las cargas atrás y comenzar a caminar con sólo el material indispensable.
La posibilidad de un descenso a pie cada vez tomaba más fuerza. En 2 horas de marcha alcanzarían Baintha a través del glaciar de Baincha Lukpar, 10 horas más de intensa marcha por el glaciar de Biafo les llevarían hasta la aldea de Askole donde podrían pasar la noche sin necesidad de montar todo el campamento. Luego les quedaban 164 kilómetros de pista de tierra excavada sobre el cañón del río Braldo.  Desde Skardu habían salido 3 porteadores con comida hacia el campamento base. Si decidían descender caminando les encontrarían por el camino, si no tendrían que esperar sin apenas provisiones la improbable llegada de un helicóptero.

Cuando el equipo de rescate llegó a la llanura de Baintha, las posibilidades de una evacuación aérea eran nulas. En Skardu se había levantado una fuerte tormenta una hora antes del momento fijado para el despegue y todo el trabajo diplomático por parte de la embajada española para conseguir hacer salir el helicóptero se había esfumado con los primeros relámpagos. El equipo pasaría la noche en Baintha, enviarían algunos porteadores hasta el campamento base para recuperar el resto de la carga (unos 200 kilos) y comenzarían el descenso al amanecer. Compartieron algunos sobres de comida deshidratada con los porteadores y comenzaron el tedioso preparativo del campamento. Unas pocas horas después todo el mundo descansaba con el estómago entretenido por unas cucharadas de arroz y protegidos de la lluvia por los toldos de las tiendas.

Mientras tanto en Skardu los teléfonos sonaban al mismo ritmo imparable de los últimos días. Las llamadas de los medios de comunicación eran constantes y Sebastián Álvaro y yo nos turnamos para poder comer o ir al lavabo ante la avalancha de demanda informativa. El país entero estaba consternado por la noticia del accidente de Óscar, la puesta en marcha del rescate y la reciente decisión de finalizar el operativo. Nuestros correos electrónicos estaban colapsados con mensajes de apoyo y esperanza. Por una vez la atención multitudinaria de la tragedia no había terminado regodeándose en el morbo del sufrimiento ajeno sino que entre todos, sin apenas darnos cuenta, habíamos construido una gran historia de solidaridad.
Al amanecer del día 18 de agosto comenzó el movimiento en la llanura de Baintha en el margen norte del glaciar de Biafo. Tres kilómetros hacía el suroeste, en el otro extremo del gran caudal de hielo, los primeros rayos de sol chocaban con laderas vírgenes de montañas aún por bautizar. Tras recoger todo lo necesario y dejar atrás 11 bultos custodiados por un porteador y el Shidar (jefe de porteadores), el equipo se puso en marcha. Los alpinistas y los porteadores de altura cargaban con todo su material mientras que seis porteadores transportaban el equipo comunitario necesario para pasar una noche más en el glaciar. Aquel día llovió intermitentemente, sobre todo al final de la jornada. El equipo español abría camino junto a los 8 porteadores de altura con los que habían compartido el trabajo de los últimos días y también la frustración de no continuar. Durante las largas jornadas fijando cuerda hasta el collado, habían sido los porteadores los que empujaban y motivaban con más perseverancia. Estaban ansiosos por seguir avanzando. Sólo luego supimos que les habían prometido una cifra astronómica de dinero si completaban el rescate.
Alrededor de las 11 de la mañana pudieron ver cuatro siluetas sobre el glaciar que a lo largo de 61 kilómetros forma una superficie lisa como una gran pista de aterrizaje custodiada por montañas por encima de los 6000 metros. Eran los tres porteadores que venían desde Askole con comida, el cuarto bulto que se intuía en la distancia era una cabra que caminaba con ellos sin saber que se convertiría en la próxima cena. Cuando los dos grupos se encontraron se saludaron calurosamente. Los porteadores intercambiaron noticias y se aprovisionaron de comida. Varios kilos de arroz y de harina continuarían hasta Baintha, el resto regresaba con el equipo de rescate que se alejó glaciar abajo con la cabra despistada. Los tres porteadores prosiguieron su hasta Baintha donde ayudarían a transportar los bultos que habían quedado atrás.
La superficie helada del glaciar cubierta de sedimentos se había convertido en un peligroso tobogán con la lluvia. Al alcanzar la morrena terminal el hielo se rompía en un ciclópeo caos de grietas, bloques y cortados. La progresión era lenta y tediosa pues alguien debía ir en cabeza buscando el camino más seguro por donde atravesar con las pesadas cargas. Los saltos, los deslizamientos y los juegos de equilibrio con caídas de 10 metros se convirtieron en la tónica de la segunda parte de la jornada. Tras varias horas perdidos en la anarquía de la morrena alcanzaron el primer sendero. Por allí pasaban las expediciones que se internaban en el glaciar del Baltoro y aunque ésta temporada no había sido muy transitado, el camino era inconfundible: una  estrecha senda colgada sobre el margen derecho del río Braldo que rugía amenazador con su corriente cargada de derrubios bajo las botas de los alpinistas. El terreno era húmedo y resbaladizo, algunos confesaron luego que durante estas dos últimas horas de marcha hasta alcanzar la aldea de Askole, caminaron por inercia, incapaces de poner ni un ápice de energía más en el esfuerzo.
A las seis de la tarde del día 18 de agosto el grupo de rescate llegó a Askole. Tras una semana por encima de los 4000 metros aquel pueblucho sucio, con las gallinas picoteando entre las basuras de las calles parecía un centro comercial. Junto al camino se extendían campos de trigo recién segados ocupando los escasos espacios horizontales que permitía la montaña. Entre las peñas pastaban rebaños de cabras, un grupo de niños les saludó y les guiaron hasta una construcción de hormigón donde pasaron la noche. Allí mismo sacrificaron la cabra y la cocinaron para acompañar el arroz y las lentejas. La docena de hombres sucios y cansados comía vorazmente iluminados por la tenue luz de las bombonas de butano. El resto de los porteadores comieron en el segundo turno. Al finalizar la primera buena comida en una semana alguien sacó una botella de pacharán de uno de los bidones y hasta los musulmanes celebraron la idea. Entrechocaron los vasos y brindaron a la salud de Óscar, luego se hizo un gran silencio mientras cada uno utilizaba el alcohol para ocultar esa parte de la historia que no había querido escuchar durante días. Óscar había muerto, era la primera vez que algunos tenían certeza de ello. El trago caliente caía por la garganta ocultando las lágrimas que no podían salir al exterior.

A las 9 de la mañana salieron de Askole en cuatro jeeps. Había llovido durante toda la noche y al amanecer el agua continuaba cayendo. Prepararon el material mientras el río Braldo crecía cada vez más enfurecido alimentado por miles de  pequeños torrentes. El agua se deslizaba por las laderas desde más de cinco mil metros de distancia vertical. No eran estas las mejores condiciones para emprender la marcha por una de las pistas más peligrosas del Karakorum.
A pocos kilómetros de Askole encontraron el primer derrumbamiento. Un grupo de trabajadores se protegía de la lluvia y de las caídas de piedras en una esquina de la pista mientras los chóferes ordenaron a todo el mundo bajarse de los vehículos. Colocaron piedras encima de unas grandes losas que habían sepultado la pista y crearon una estrecha superficie horizontal  a escasos metros de las aguas embravecidas del Braldo. Sólo tres de los cuatro jeeps consiguieron cruzar. El cuarto quedó atrás con algunos bultos y los porteadores que no se pudieron apretar en los vehículos de punta. Cruzaron al otro lado del río por un endeble puente colgante construido por los militares, continuaron unos cientos de metros más sobre un terreno cada vez más saturado de agua hasta que encontraron un gran deslizamiento de tierra. La ladera se había derrumbado y allí no había nadie para ayudar. Comenzó otra vez la operación de colocar piedras bajo las ruedas para que no quedasen encallados en el barro e ir ganando metros horizontales donde los jeeps se tambaleaban con sus cargas peligrosamente inclinadas sobre el desfiladero. Alpinistas y porteadores hincados en el barro hasta los tobillos trabajaban codo con codo, el humor era bueno pese a la continua mala fortuna de los últimos días. Todos se sabían cerca de Skardu donde les esperaba una buena comida, una cama y una cocacola.
Los tres vehículos pudieron continuar la marcha cubiertos de barro. Ahora la pista excavada en el cañón se convertía en un camino polvoriento a través de un amplio valle cruzando extensos campos de trigo y árboles frutales. Fue aquí donde el primer vehículo se quedó sin gasolina. La caravana paró y después de una alterada conversación entre los chóferes, sacaron gasolina de otro de los jeeps con ayuda de un trozo de goma y un pequeño bidón de 4 litros. Así fueron ganando terreno a la escasez de combustible, con continuas paradas en las que trasegaban gasolina de un vehículo a otro para alcanzar Skardu, todavía a más de 70 kilómetros de distancia.
En el pueblo de Shigar, en medio de un control policial, tuvieron que dejar otro jeep atrás. Sólo dos vehículos continuaban la marcha con todos los alpinistas, dos empleados de la agencia ATP (organizadora de la logística en Pakistán) y los porteadores de altura que pudieron encajar en los escasos huecos del equipaje. Después de cruzar el puente sobre el Indo hay una explanada de varios kilómetros de longitud desde la que se pueden ver las casas y arboledas de Skardu. Allí otro de los vehículos se quedó sin combustible. Una vez más volvieron a trasladarse al último jeep que cargó con 12 personas y sus mochilas hasta la entrada del pueblo. Hacía ya tiempo que la zona estaba sufriendo escasez de gasolina. En las conversaciones de la calle se podía escuchar que 80 camiones cisterna habían salido desde Islamabad para abastecer la zona pero cada día que pasaba el precio del transporte era más elevado y los camiones cisterna se dividían o multiplicaban según la versión de la historia. Los jeeps que trajeron al equipo de rescate desde Askole habían costado una fortuna. Ahora, tras largas horas de negociaciones y llamadas telefónicas sólo un vehículo continuaba la marcha a 10 kilómetros de Skardu demostrando la ineficacia de los métodos occidentales en este remoto lugar de Oriente. Dos kilómetros antes del hotel Concordia donde esperábamos ansiosos la llegada de los alpinistas, el jeep tuvo que parar atascado en una aglomeración de coches frente a la primera gasolinera del pueblo. Era imposible continuar, docenas y docenas de vehículos taponaban la calle dejando sólo espacio para que los chóferes charlaran plácidamente hasta la llegada del combustible. Los cinco españoles y tres norteamericanos cogieron sus mochilas y caminaron hasta el hotel. Los vimos llegar cansados, como un ejército diezmado que regresa de una guerra lejana, con los rostros curtidos y la mirada determinada de quien acaba de enfrentarse a una dura prueba. Sólo un rato después, algunos de nosotros nos quitamos el uniforme que nos había permitido mantenernos en pie y abrazados, lloramos durante unos placenteros minutos.

21 Comentarios »

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  1. Quiero expresar de nuevo que, a pesar del triste desenlace, gracias a todos por demostrarnos que valores como la solidaridad y la generosidad todavía existen.

    Comentario por quilaper — Agosto 24, 2009 #

  2. muchas gracias… (qué pena…)

    Comentario por Elv — Agosto 24, 2009 #

  3. Simón, un abrazo.

    Gregorio.

    Comentario por gregorio villarig — Agosto 24, 2009 #

  4. Ni conocia a oscar, ni soy escaladora ni montanyera pero no acabo de asimilar esta catastrofe que he podido seguir casi dia a dia gracias a internet y a las noticias que llegaban a traves de diferentes portales como este blog (gracias simon!). No entiendo como pakistan no tiene un equipo especializado de rescate para que en estos casos la accion sea inmediata y no se pierda tiempo en buscar escaladores aclimatizados, helicopteros o pilotos que reunan las condiciones tecnicas para abordar rescates a mas de 6000 m. Aunque las actividades de escalada son sin duda uno de los ingresos turisticos mas importantes de Pakistan (estas actividades son recapituladas anualmente con detalle por su Ministerio de Turismo) supongo que en ese pais los problemas mas serios que afectan a la poblacion local seran de otra indole. Si la responsabilidad entonces no ha de recaer en Pakistan si no en la comunidad internacional, espero que esta catastrofe sirve al menos para acelerar el proceso en el que se establezca un marco que, al menos, asegure la ayuda inmediata a escaladores en la situacion de oscar perez. Yo, como muchos otros y otras que hemos seguido este desenlace tan triste desde nuestro sillon, estaria dispuesta a colaborar en la creacion de ese marco. La pena es que no se ni por donde empezar: por la federacion? no hay ninguna strategia desde la UIAA http://www.theuiaa.org/ para crear grupos de rescate de estas caracteristicas? Si necesitan apoyo de cualquier tipo ya tienen una voluntaria mas.

    Comentario por Iciar — Agosto 24, 2009 #

  5. Vuestra actitud, solidaridad y compromiso hacia vuestro compañero os honra, os hace generosos al exponer desinteresadamente vuestras propias vidas por otro ya que después de todo, es lo único que en alguna medida y por algún ratillo poseemos.
    Siento mucho lo ocurrido a vuestro compañero… salió tras su sueño y se fundió en el, quiera la vida darnos el mismo valor y la suerte de tener unos amigos como los que han salido en su búsqueda.
    Un abrazo desde los Andes.

    Comentario por Andes — Agosto 25, 2009 #

  6. Muchas gracias por demostras que las personas con valores siguen existiendo.

    un abrazo

    Comentario por Eva — Agosto 25, 2009 #

  7. Me quedo sin palabras después de leer tus relatos. Ha sido impresionante como os habéis dejado todos la piel. Como socia de Peña Guara y como aficionada a la montaña muchas gracias y os deseo todo lo mejor a todos.

    Comentario por maf — Agosto 25, 2009 #

  8. mucho ánimo para los que se quedan esperándole y en especial para su compañero de cordada.

    Otra vez un rescate pone de manifiesto la INMENSIDAD de los valores que siginifican ser Montañero.

    Las palabras nos describen y los hechos nos definen, toda la gente involucrada en este rescate queda definida pues…

    Comentario por Borre — Agosto 25, 2009 #

  9. Increible relato, si no lo hubiese seguido desde el momento en que mi novio me aviso que regresaba de picos porque un compañero, estaba en graves problemas, podría decir que se trata de un libro o incluso de una película. Da mucha pena pero la montaña es así. Creo que no podiaís haberlo hecho mejor.

    Un abrazo

    Comentario por karla — Agosto 25, 2009 #

  10. No sé mucho de montaña, ni de escalada pero sí puedo hablar del valor de la amistad. Os doy las gracias por demostrar con vuestro bien más preciado, vuestras vidas, que tener un buen amigo es más importante que tener un puñado de dinero.

    Comentario por Maria — Agosto 25, 2009 #

  11. Si me preguntasen porqué la especie humana está donde está, respondería que fué por personas como Oscar.
    Si me preguntasen cual es el mérito de la especie humana, pondría como ejemplo la solidaridad de este intento de rescate.
    No cambieis nunca.

    Comentario por Antonio — Agosto 25, 2009 #

  12. Gracias por tu relato, pues muestra el esfuerzo que a mis ojos me parece sobrehumano, en la expedición preparada para el rescate de Oscar. Espero que la experiencia os de fuerzas para continuar vuestras vidas dedicadas a la montaña y a seguir ayudando a todo aquel que lo necesite, sea cual sea la situación.

    Un abrazo fuerte desde Madrid. Antonio

    Comentario por zaloette — Agosto 26, 2009 #

  13. Gracias Simón, a tí a todos los que pusisteis todo vuestro empeño en ayudar a Oscar y a Alvaro. Muchas gracias y un gran abrazo,

    Comentario por juan — Agosto 27, 2009 #

  14. Ánimo Simón y muchos abrazos para poder superar este duro episodio.
    Espero verte pronto

    Comentario por Rosa — Agosto 27, 2009 #

  15. Muchas Gracias a todos los que habéis participado, por iluminarnos (a mí por lo menos) con vuestro comportamiento.

    En especial a Simón Elías por querer y saber contarlo. Es importantísimo.

    Habéis rescatado muchas cosas en mucha gente, seguro.

    Y mis ánimos a toda la familia y amigos de Óscar Pérez.

    Comentario por Carlos — Agosto 27, 2009 #

  16. mi padre, montañero ante todo, me inculcó la pasión por la montaña, por eso he vivido esta historia como si me tocara muy de cerca. No tengo palabras y al leer tu relato se me pone la piel de gallina. Solo puedo decirte que mucho animo y adelante.

    Comentario por marian — Agosto 28, 2009 #

  17. Admirado y emocionado por este relato de héroes. Héroes por vuestra generosidad y valentía en momentos como estos, pero también buscando la aventura de cumplir sueños tan grandes como los de Oscar y Alvaro.

    Ojala algún día mucha gente conozca vuestro ejemplo, es necesario.

    Gracias

    Comentario por Santiago — Agosto 28, 2009 #

  18. Qué duro,lo siento mucho,pero sé que a pesar de todo,Oscar descansa en un lugar en el que su alma,siente como su hogar,y mientras,la montaña seguirá recibiendo a tantos y tantos alpinistas,con sus brazos abiertos…
    Con tu relato,muchos que en la prensa han escrito u hablado de lo sucedido,debieran avergonzarse de ciertos comentarios inadecuados,y de tanta desinformación,que desgraciadamente,provoca que la gente subestime la montaña,y se pierda la perspectiva y el respeto a los elementos,así que,no dejes de escribir.

    Comentario por mª eugenia — Agosto 30, 2009 #

  19. Gracias a todos vosotros por intentar lo imposible. Y qué mejor manera de recordar todos los días a Oscar que seguir haciendo eso que a todos nos une. Vamos a seguir subiéndolas, sólo por que están ahí. No hace falta más. Un abrazo muy fuerte.

    Comentario por Joaquín — Septiembre 1, 2009 #

  20. Mi más sincera enhoranbuena por estas palabras. Un orgullo leer estos párrafos. Gracias y todo el ánimo a vosotros, familia y amigos de Óscar, de parte de un aragonés residente en el valle de Tena.

    Comentario por Chuan — Septiembre 1, 2009 #

  21. ¡Bien hecho Simón! Creeme, sé de lo que hablo.

    Dejarlo todo y volar al quinto pino para darlo todo en una empresa imposible, luchando por aferrar la esperanza más diminuta… Eso tiene un gran valor.

    Gracias por contarlo tan bien. Ese texto que has escrito perdurará. Lo leerás dentro de algún tiempo y recordarás esos días horribles de impotencia y desesperación, de alegria inmensa y duras decepciones…

    No te creas que habéis hecho algo mal. Ahora tendrás mucho tiempo para pensar y sentirte “culpable”, como se sienten los que vuelven sin su amigo, dejando su cuerpo atrás, sin poder rescatarle. Pero no es así: ese sentimiento de duda, de culpa a veces, no tiene derecho a existir.

    Para mí y para miles como yo, para vuestras familias, para la comunidad montañera, para nuestros hijos… para toda la gente de bien sois ni más ni menos que gente extraordinaria que en circunstancias dificiles hizo cosas extraordinarias, que siguió adelante y arriesgó su vida y salud por un compañero. Eso define a un hombre de verdad y también a un héroe (aunque no te guste la palabra). Y sois un ejemplo.

    Te deseo lo mejor.

    Comentario por O. — Septiembre 2, 2009 #

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