135 pasos

El oficial jordano me selló el pasaporte y me deseó buen viaje. Las altas alambradas de la frontera separaban un mismo desierto, una misma tierra ocre y descarnada en dos mundos completamente diferentes. A un lado la Jordania islámica con la basura corriendo entre los coches destartalados y los funcionarios de aduanas sin más tecnología que una máquina de escribir y detrás de las torres de vigilancia el Israel judío con su limpieza inmaculada y sus grandes presupuestos.

Caminé a través de este espacio sin dueño entre los dos países. Tenía la maleta de piel roja marroquí en la mano derecha y el bolso cruzado en bandolera sobre la camiseta de tirantes manchada de ceniza. Había fumado tres cigarrillos seguidos ante la insistencia del taxista de compartir su tabaco conmigo. La adicción a la nicotina no está escrita en el Corán pero es un imperativo en estas tierras.
Comencé a contar los pasos. Uno, dos, tres… estaba en tierra de nadie, en un limbo internacional rodeado de alambres de espino y ametralladoras. Palpé el bulto del teléfono móvil en el bolsillo derecho del vaquero y me tranquilizó que si algo pasaba en este agujero negro sin legislación quizá podría llamar a la Embajada Española en Amman o a Amnistía internacional o a Enrique Iglesias que siempre dicen que es nuestro mejor embajador. Treinta y cinco, treinta y seis, treinta y siete… hacía un calor endemoniado y el sudor me caía por las axilas, cambié la maleta de mano y me ajusté las gafas de sol. Al otro lado podía ver ondear la bandera israelí con la estrella de David rodeada de cámaras. El 29 de enero del año 2007 la ciudad de Eilat sufrió el primer atentado suicida desde su conquista por tropas israelís en 1949. El próspero puerto y ciudad vacacional a orillas del mar Rojo había sido considerada un lugar seguro de los ataques palestinos hasta que ese 29 de enero Muhammad Faisal al-Saqsaq  de 21 años y natural de Gaza se inmoló frente a una panadería matando a tres personas. El atentado fue reivindicado por la Yihad Islámica Palestina. Ciento treinta y tres, ciento treinta y cuatro, ciento treinta y cinco. Esta era la distancia que separaba Jordania de Israel. Unos pocos pasos para mí en este viaje gratuito en busca de problemas pero un profundo foso de conflicto e incomprensión para el mundo del siglo XX.

Estaba frente a un detector de metales, dos hombres visiblemente nerviosos me ordenaron que dejase mi maleta a un lado. Les enseñé el pasaporte y pasé sin incidencias por el arco magnético. El policía moreno, con coleta, vestido de civil, mantenía la mano derecha sobre la pistola y su compañero pelirrojo, con la coronilla tapada con un kipá (gorro religioso judío) enganchado a sus cabellos con una horquilla, agarraba sudoroso un arma automática. No les gustó mi maleta, ni mi barba cerrada, ni mi piel oscura después de 15 días en el desierto. Me hicieron a un lado y una mujer comenzó a interrogarme con vehemencia mientras varios policías de paisano daban vueltas alrededor de mi maleta.
-¿Por qué has estado en Marruecos? Me preguntó la oficial. Era la primera mujer que veía en 15 días sin velo y sin los amplios vestidos de las jordanas. No pude evitar fijarme en sus pechos apretados dentro de la camisa blanca. Era pelirroja y tenía el cabello muy largo, cortado en pico, cuya punta casi le alcanzaba la cintura. Las gafas de sol me protegieron de la indiscreción y me concentré en mantenerme sereno.
-¿Por qué has estado en Pakistán? ¿De qué religión eres? ¿Cuál es la religión de tu padre? ¿Llevas algún arma? Las preguntas se sucedían y yo sudaba bajo el fuerte sol, observando de reojo a los policías de paisano que hablaban por sus emisoras y especulaban sobre mis intenciones.

Una hora después estaba frente al control de pasaportes pidiendo que no me sellaran el documento. Un sello de entrada en Israel puede suponer la denegación de la entrada en algunos países islámicos. La empleada fue muy educada y me aconsejó que me sentase en un banco pues los procesos de seguridad con mi documentación iban a ser largos. Comenzó de nuevo el interrogatorio sobre mis viajes a Marruecos y a Pakistán, los orígenes de mi familia, la religión de mis padres, mi profesión (incomprendida para estas habitantes del desierto. Tuve que sacar una tarjeta de visita) y mis intenciones en su país. Me ordenaron que me sentara de nuevo y lié un cigarrillo. Un oficial vino a comprobar el interior del paquete, no sé si buscando drogas o explosivos. Fui a pedir fuego a dos trabajadores de aduanas y me dijeron que me marchase de allí con esa bolsa. Mi maleta les intimidaba. Finalmente encontré un mechero en el bolsillo de la chaqueta y fumé tranquilamente observando el temor crónico de este país. Luego me tumbé a dormir con la cabeza apoyada sobre el bolso, con la mano derecha colgando del banco y agarrando el asa de la maleta. Cuando me desperté una hora más tarde ya había oscurecido y estaba enfadado. Quería cruzar la frontera para cenar en Israel y tomar unas cervezas y en vez de eso llevaba tres horas en el proceso con un gran cartel de “sospechoso” colgado del cuello. Caminé con decisión hasta la ventanilla y llamé a la oficial que me había atendido.
-¿Me puede decir cuánto van a tardar con mi pasaporte?
-No lo sabemos caballero, puede que un rato más.
-Muy bien, pues vaya usted a comprobarlo y si es más de un cuarto de hora me devuelve el pasaporte y regreso a Jordania. Todavía no tengo ganas de volar su país por los aires pero si espero más de media hora voy a comenzar a pensármelo.
Dos minutos más tarde me devolvían el pasaporte con una hoja anexa donde habían sellado la entrada en el país.
-Que disfrute de su estancia en Israel caballero.

4 Comentarios »

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  1. seguramente llegaron a leer este blog y algunas noticias relacionadas con tu nombre que aparecen en internet. Así que cuidado con lo que se te ocurre opinar…

    Comentario por Alex — Noviembre 20, 2009 #

  2. Muy bueno Simón. Deberías escribir novela negra, contigo como personaje principal. Un rudo escalador riojano envuelto en una trama de espionaje internacional, Israel, Pakistan , Marruecos… un bombazo seguro, venderías más que el Harri Potter fijo. Ah faltaría Ravier, como agente frances a lo Jean Reno.
    Un saludo

    Comentario por xabi — Noviembre 20, 2009 #

  3. Simón, escribes muy bien. Sigue así, por favor.
    Siempre disfruto leyendo tu blog.
    Un saludo

    Comentario por juan — Noviembre 21, 2009 #

  4. salud skaladores del desierto
    parece que a ti tambien te tocaron las narices pàra enrtrar en palestina (el territorio real) que no israel (ficcion politica mantenida con las armas) pero bueno el turismo es lo que tiene y a mi tambien me las tocaron cuando fui jerusalem es lo que hay ademas del robo de 30 euritos por salir aunque si me piden 300 l0s hubiera pagado por no ver mas algunas cosas de ese \pais\:las armas y la chuleria.
    pero de estos dias de atras queda el buen recuerdo de la arenisca y sus buenas vias lionhearth por ejemplo te acuerdas ibamos detras de vosotros adriana y yo y dani me hizo alguna foto recuerdale que me las mande.
    bueno chavalotes que todo siga bien con esas skaladas y el buen rollo que vi en el equipo un saludo para todos
    y si os hace falta algo por boi este inverno o por la zona centro cuando acabe la nieve no dudeis en poneros en contacto conmigo. PER ASPERA AD ASTRA (POR LA DIFICULTAD A LAS ESTRELLAS)

    Comentario por juan cercedilla — Noviembre 23, 2009 #

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