Guía prohibida de Estambul (arte)

Si algún día dejan de timarme en los prostíbulos, me hago rico y puedo pasar todo el día en batín ( o si soy lo suficientemente rico incluso sin batín) prometo que en el salón de mi casa voy a hacer un museo de arte contemporáneo.

No hay mejor confort emocional para después de una noche miserable revolviéndome en el saco de dormir, contando mentalmente los golpes que unos matones turcos me podían haber sacudido, que pasear por un museo de arte contemporáneo. Estambul puede parecer anclada a su pasado pero hay pocas ciudades en el mundo que hayan sabido incorporar modernidad y desacato con el más profundo respeto por las tradiciones. Un paseo por Sultanahmet nos devolverá a los siglos de esplendor bizantino y otomano, y una noche en cualquiera de los clubs de la milla de oro nos dará de bruces con una realidad que sólo imaginábamos junto a la piscina de Hugh Hefner. El Istanbul Modern está en esa frontera vaporosa entre pasado y futuro.

Tan interesante como visitar las cuidadas exposiciones que se ofrecen en el museo es entrar y salir del edificio. Pasar de la más vigorosa vanguardia a la decadencia de los edificios aledaños. Descender por la escalera metálica rodeada de cadenas, con vidrieras golpeadas a martillazos simulando disparos de bala para pasar de un nivel a otro del Istanbul Modern y luego pasear por las tumbas otomanas tapadas por los matojos a escasos cien metros del edificio.
Lo primero que me sorprende es el edificio enclavado en una zona industrial junto al estrecho del Bósforo y rodeada de hangares ruinosos, de párquines abarrotados, de chatarra, de avenidas donde el tráfico es una guerra sin cuartel. Caminar por la ciudad es una aventura y cuando hemos aprendido el axioma de la educación vial turca (cruza por donde te salga de los huevos si eres peatón y golpea a tantos como puedas, pero en broma, si eres un conductor) las calles son un divertido campo de juego. Cruzar una calle en Estambul tiene una ligera reminiscencia a los encierros de San Fermín. Hay que tener mil ojos y no bajar nunca la guardia pues en cualquier curva hay un conductor dispuesto a atropellarte. Los turcos cruzan en grupos para intimidar al conductor con una buena factura de chapista pero si vas solo la acción es más comprometida y hay que cruzar las avenidas como si fueses un atleta de triple salto de longitud. Es realmente agotador. Por eso llegar al museo de arte contemporáneo y cobijarse detrás de la barrera del parking da tanta seguridad como viajar con pasaporte diplomático.

Los jueves la entrada es gratuita y el público es mayormente local. Jóvenes con pantalones entallados y el pelo alborotado, señoritas con minifaldas y zapatillas deportivas que hacen que el espectador se olvide de los cuadros por unos segundos, familias con niños colgando de los brazos y tan escandalosos que dan ganas de maniatarlos en un cuarto oscuro ante toda la filmografía de Samuel Beckett. Hombres de aspecto afeminado, mujeres masculinizadas, sexualidades confusas vestidas sobriamente de negro. Cuando entras en un espacio de arte contemporáneo automáticamente se te queda cara de gilipollas. Miras arriba y abajo y buscas la etiqueta del autor detrás de la bombona de un extintor. Conozco a un tipo que le metió un dedo en la oreja a un guardia de seguridad pensando que era una escultura hiperrealista. Hay que ir con cuidado La Obra puede estar en cualquier parte: puede ser ese envoltorio de caramelo que parece haber sido arrojado inofensivamente por un niño y resulta que es una reflexión sobre los valores de la educación en la sociedad moderna donde el hombre, el sujeto, vive encadenado a sus hábitos de consumo como uno más de los tentáculos del poder supremo del estado y bla, bla, bla.

Lo primero que me llama la atención es una escultura de Serkan Özkaya llamada El Aprendiz del Pastelero, en la que recrea en escala exacta a un niño transportando una pila de cartones de huevos  a punto de caer de bruces contra el suelo. Varios de los huevos ya están en el aire y Özcaya ha sabido representar, congelando el momento un segundo antes del desastre, el sentimiento de terror y fatalidad. Un grupo de niños de esos que colocaría amordazados frente a un discurso de Camilo José Cela después del premio Nobel, pasan por debajo de los huevos que flotan en el aire y estiran sus pequeñas piernas, que deberían estar encadenadas, con la esperanza de completar la tragedia que Özkaya ha comenzado.  Serkan Özkaya es uno de los artistas jóvenes más vanguardistas de Turquía (sólo tiene 37 años) y me acerco a su ficha para cerciorarme de que es un tipo cachondo. Le gusta entender el arte como parte de un diálogo entre los museos, el creador y los espectadores y por eso escribe una carta al Louvre de vez en cuando para pedirles que cuelguen la Mona Lisa cabeza abajo, o manda un fax al Philadelphia Museum of Art advirtiéndoles que un amigo suyo va a visitarles con intención de mear en el orinal de Duchamps.

Entre los cuadros hay amplias cristaleras por las que se puede ver el estrecho del Bósforo y el mar de Mármara. A la derecha está Europa con las torres de la mezquita-iglesia de Santa Sofía (los emperadores y sultanes no terminaron de ponerse de acuerdo y creo que la van a convertir en un polideportivo para no reñir) marcando el punto más alto de la colina y a la izquierda, tras un breve espacio de mar surcado por transbordadores que dejan una estela leve y efímera sobre las aguas, está Asia. En el lado oriental lo más llamativo son unas grúas portuarias gigantescas que recuerdan a camellos de un inquietante futuro hollywoodiense. Hay pocos lugares en el mundo en los que de un solo vistazo otees dos continentes.

Salgo a tomar el aire al espléndido mirador sobre el mar y observo de reojo a una pareja sentándose a cenar en el restaurante del museo. El hombre, tan guapo que me dan ganas de hacer un link a una página de fantasía en la red, retira la silla de la mesa y ayuda a la dama a sentarse. Ella le agradece con una sonrisa que me recuerda a mi madre a punto de darnos la merienda. La imagen es bella y provoca ternura. Para deshacerme de este nefasto sentimiento inapropiado en el siglo XXI evoco el video de Bruce Nauman, Violent Incident-Man-Woman, (instalado en la parte baja del museo junto a un interpretación navideña muy apropiada de la guerra de Irak por Christoph Büchel ) en el que una pareja se dispone a sentarse a una mesa cariñosamente decorada. El caballero retira la silla para ayudar a la dama y cuando ella baja el trasero, apunto de sentarse, la retira bruscamente haciendo que ella casi se rompa la crisma. Entonces ella, tan sensible, le da un puñetazo y un rodillazo en los huevos y él, tan asertivo, intenta matarla con el cuchillo del pescado hasta que los dos yacen malheridos por el suelo.

Salgo a la calle y ya es de noche. La caza del peatón es un juego mucho más divertido con el deficiente alumbrado urbano de Estambul y me ato bien las botas antes de comenzar el decatlón. Sorteo un coche, otro, otro, y un taxi me golpea en el costado. Le mando a tomar por el culo bien gráficamente con el dedo corazón levantado a modo de periódico pamplonica y llego jadeando a los raíles del tranvía. Aquí el peligro es intermitente pero fatal y tengo que saltar una valla, cerca de un puesto de simit (panecillos redondos con sésamo) para no morir arrollado por el moderno tren eléctrico que rodea el Cuerno de Oro. En una de las cuestas que llevan a mi hostal me agarran dos policías de paisano y me meten en un portal. Estoy sudado y me cachean, me preguntan si llevo œmedicinas y yo aprovecho para beber un trago de agua. Mañana prometo pasar al menos cuatro horas más en el Istambul Modern, creo que es la manera más sencilla de no meterme en líos.

5 Comentarios »

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  1. Me da que el metodo del chipriota se lleva mucho por esos lados… al lorín con los colegas de viajes nocturnos… http://www.losviajeros.com/foros.php?t=46875

    Comentario por Gorobel — marzo 8, 2010 #

  2. Sigues vivo amigo??? solo te faltaba el terremoto…

    Comentario por Patxi — marzo 8, 2010 #

  3. Desde luego ke estilo tienes escribiendo,y muy bueno.si a
    lgun dia escribes una novela triunfas!!! Es una gozada leerte siempre.salud y larga vida

    Comentario por basobaltz — marzo 9, 2010 #

  4. [...] Galerías. Estambul tiene vocación de ciudad europea y el pulso lo palpamos en su efervescente actividad cultural. La punta de lanza son las galerías de arte y por delante de ellas el nuevo museo de arte contemporáneo, el Istambul Modern. Más información aquí. [...]

    Pingback por Qué ver en Estambul: 10 lugares imprescindibles para la Lonely Planet | No sin mi mochila — marzo 16, 2010 #

  5. Enhorabuena tío.Me ha sorprerdido gratemente tu manera de escribir y enterder el arte contemporáneo. Yo voy para Estambul dentro de unos días y espero hacer una crónica pictórica de la ciudad. Una crónica pictórica algo abstracta eso si. Y, por supuesto, una visita al Museo.
    Saludos, Pablo.

    Comentario por pablo — marzo 22, 2011 #

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