No lo volveré a hacer

Los cristianos, para reclamar la misericordia de Dios por sus pecados, tienen la penitencia. Los judíos, se acercan  al Muro de los Lamentos donde gimen por su mísero destino y por el regreso del mesías a organizar el disparate en el que viven. Los hedonistas, para hablar con Dios, regresar del más allá y recuperar la forma humana,  nos encomendamos a la resaca.

Creo que me acabo de despertar pero en realidad llevo ya varias horas con los ojos abiertos, enrojecidos y fijados en el cenicero cargado de colillas. Al recuperar la visión vuelvo la mirada hacia la cama. No tengo muy claro si el bulto en su interior es un hombre, una mujer o el demonio de Tasmania. Levanto la colcha a punto de escupir un ventrículo por la laringe y el espasmo se congela en un grito de alivio al encontrar el albornoz arrebullado entre las sábanas.

Me da miedo salir a la calle. No sé muy bien lo que ocurrió allí hace unas horas. El pasado es confuso. El poeta Alberto Porlan dice “olvidar no es fácil como atarse un zapato”, pero debe ser porque no bebió suficiente. Quizá maté a alguien o, aún mejor, prendí fuego al Palacio del Gobierno. Lo más probable, es que nada ocurriese, que simplemente caminara torvo y herido, de vuelta a casa en un espacio y un tiempo más cercano a las leyes de la alquimia que de la ciencia.

Al asomarme a ese agujero negro de la memoria y no comprender cómo alcancé la seguridad del hogar, se adueña de mí una ligera sensación de pánico. Para desplazarla, verifico si queda alguien más en casa y compruebo mis constantes vitales. Posteriormente realizo un meticuloso examen de los posibles desperfectos: las ventanas siguen en su sitio, los vecinos no han realizado pintadas insultantes sobre la puerta de la entrada y no hay tipos con uniforme en el portal. Me cercioro de que mantengo todos los dígitos de pies y manos,  antes de repasar minuciosamente la piel en busca de moratones o números de teléfono anotados en lugares insospechados. Sentirme capaz de contar hasta diez en dos ocasiones, me devuelve la esperanza.

Las peores resacas son en las que llamas a tu madre. Yo lo hice un par de días después de cumplir los treinta y siete años. Después de hablar media hora conmigo, mi madre me vio en tal estado que me llevó a un espectáculo de payasos para niños. En la entrada del teatro pasé un poco de vergüenza pero una vez dentro me dejé llevar. El pobre payaso tuvo que estar a punto de echarse a llorar viéndome mover los brazos en el aire, entre todas esas cabecitas de seis y siete años.

A medida que las toxinas van descendiendo por tuberías y canales hacia el Mediterráneo, la vida recupera normalidad y vuelvo a salir a la calle sin sentir que acabo de atropellar a un niño. Regreso a la salud del deporte y todo parece como antes. Pero no es así. El ego está hundido a ras de suelo y ya no camino con tanta gracia por el barrio. Paso corriendo y hablando ficticiamente con el móvil por los bares habituales, o los esquivo dando largos rodeos que me llevan a otras provincias.  Estos días la atención estaba fijada en Felix Baumgartner y su Red Bull. Cuando regresé a la taberna y me preguntaron por el tema, miré con profundidad apocalíptica mi Fanta naranja y respondí: “Yo también acabo de regresar del más allá. He visto cosas de una crudeza insondable. He visto la curvatura de la Tierra mientras flotaba en el aire. Solo que en vez de estar contratado por Red Bull, en mi camisa de cuadros ponía: Gallina Blanca”. Bendita resaca.

8 Comentarios »

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  1. Si tus lineas en las montañas son tan buenas como las de tus páginas, debe dar gusto salir contigo al monte.

    Comentario por Javier — octubre 24, 2012 #

  2. No te preocupes amigo, en estos meses de impas entre el fin de temporada de guíaje estival y la llegada del invierno, estas fugas de la realidad son normales, creo yo. Sin ir más lejos, hace una semana salía de casa a las 5:00 de la mañana rumbo al Montsant. Tras 8 horas ininterrumpidas de viaje, me encontraba con nuestro buen amigo Pera escalando en El Raco de Misa, encerrando mis dedos en esos fantásticos agujeros, sin tener muy claro cuando me había ido de casa!
    Necesitas una semana de alpinismo en Los Picos, igual que el pasado enero, cuando pudimos disfrutar de unas condiciones inmejorables para volver a la realidad, a nuestra realidad!
    Aquí no se observa la curvatura de la tierra, pero si su majestuosidad!
    Te espero!

    Comentario por Martín — octubre 24, 2012 #

  3. No pasa nada, ya lo decían aquellos , por cierto amenazan con volver “lo malo de los alcoholes es que no te deja ver … Etc.” ya sabes siempre es mejor una buena cogorza que no los sesudos vaticinios de nuestros jerarcas, que con esto del timo del siglo (llamase crisis) nos están haciendo tragar cosas bastante mas insanas, perniciosas y de bastante mas dudosa moralidad, pero en fin esto nos toca y después te llamaran borracho. SALUD amigo. Nos vemos por laurel cualquier dia

    Comentario por Roberto — octubre 24, 2012 #

  4. Madre mía, qué bueno, qué bueno, qué bueno… sin palabras. Lo huelo todo desde aquí. Y esa sensación en el estómago de que lo van a lapidar a uno tan pronto levante la mirada, se limpie el sudor frío de la frente y pida un café con leche de manera estridente y entrecortada. Y a pesar de no tener nada que celebrar, te tomas ese café con la misma tranquilidad de un piloto de formula uno celebrando la victoria en el circuito de Mónaco, poniéndolo todo perdido, persiguiendo con esa cabezota temblorosa esa maldita taza que amenaza con derramarlo todo sobre el platillo en el que salta y tintinea la cucharilla. etc etc.

    Comentario por W4lt3r — octubre 25, 2012 #

  5. Simon salio a la calle. La luz era intratable. Pero si uno ha sido capaz de levantarle la mano, si ha sido capaz de levantar la colcha, de mirar debajo, uno ya es padre de sus hechos, y abofetear al padre se vuelve, ahi se dice bien claro, hurgarse los higadillos a sí mismo, la democracia tiene eso, la horizontalidad, y uno derriba los muros de la prision de uno como a uno le da la gana, y escribe “aquí estuvo Uno, condenado a pena de vida” con el mango de una cuchara en las paredes del páncreas, sobre poco mas o menos. Simon cerro la puerta tras de sí, salto al mundo incandescente, (y, al fin y al cabo, solo era el albornoz), dispuesto a apadrinar actos huerfanos y fazañaje vario. Y la puerta se cerro detras y delante de un albornoz q se sonreía muy muy aviesamente.

    Comentario por Mefisto — octubre 25, 2012 #

  6. Esta claro que te falta experiencia en cogorzas

    Comentario por Marinetti — octubre 26, 2012 #

  7. si necesitas una cura de reposo, en gredos tienes mi casa abierta. http://www.elmilanoreal.com

    Comentario por Pacorico — octubre 26, 2012 #

  8. Que bueno!! ese caminar con la boca pastosa, el dolor de sienes. lo malo de las resacas es que son directamente proporcionales a la edad, a mayor edad mayor es la resaca.

    Comentario por Pablore — octubre 27, 2012 #

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